lunes, 19 de noviembre de 2012

Personajes celestes: Juan Cañete

Cañete junto a Edgar Giordano, con la celeste.

       Juan León Cañete era un wing izquierdo paraguayo que se inició en el Club Presidente Hayes de su país natal. En 1956 fue transferido al club brasileño Botafogo y en el único partido que jugó, en la primera, le convirtió un gol a Flamengo privándolo del tetracampeonato. Llegó a la Argentina y se alistó en Huracán, club en el que permaneció dos temporadas.

       En 1961 llegó a Temperley a préstamo e incluído dentro de la negociación de Chiche Diz al club de Parque de los Patricios. Estaba por cumplir 32 años.

       En el Celeste jugó 21 partidos y convirtió cuatro goles. Era resistido por un sector del público, pero entre sus admiradores había uno que lo defendía a capa y espada. Era un hombre de mediana edad, parroquiano del fubé de la sede, que también era frecuentado por un grupo de socios del club. Estos muchachos lo tenían alquilado al defensor de Cañete y cada vez que lo veían entrar al bufé le gritaban “Cañete” -con tono agudo y chillón- y se escondían entre pícaras risas. Tan reiteradas eran las cargadas que el sujeto destinatario se ponía violeta de la bronca.    

       Ferdinando -bufetero y a cargo de las canchas de bochas-, observaba la situación desde hacía un tiempo. Una tarde lo encara al hombre y le dice:
- “Oiga Don, no puede ser que lo carguen así, vaya con esto” y le entrega una pistola que estaba descargada.

       Como de costumbre, en un momento se escuchó la exclamación “Cañete”. El hombre se acercó y exhibió el arma ante la mirada atónita del grupo y el resto de los parroquianos.

       La reacción de los muchachos no se hizo esperar, rajaron todos excepto Turera que no hizo a tiempo para la huida. Solo atinó a arrodillarse delante del sujeto para implorarle ahogado en llanto:
- “¡No me mate señor Cañete. Se lo pido por Dios, señor Cañete!”





Cañete con la de Botafogo




Historia del Club Atlético Temperley. Marcelo Ventieri

Gracias a Alberto Rolandi por compartir la anécdota y a Pablo Viviani por su extraordinario trabajo en la Enciclopedia de Huracán, página que les invito a conocer en:  http://www.enciclopediadehuracan.com/